Desde Heródoto hasta Zack Snyder (pasando por Frank Miller).


Los 300 frente al Choque de Civilizaciones  
de Samuel H. Huntington.
¿Propaganda de guerra con Oriente Medio o simple entretenimiento?

El film 300, producido en 2007 por Warner Brothers, cuenta ya con una secuela dirigida por Noam Murro.

En la legendaria batalla de las Termópilas (480 a.C.), relatada por Heródoto en su Historia, libro VII[1] (durante la segunda guerra Médica), tenemos un buen modelo para describir la formación de la etnoidentidad griega. Para forjar una identidad, ha de construirse un modelo, un canon, estereotipado y posiblemente alienado del otro, sobre el cual se descargarán toda clase de clichés y exageraciones[2]. Esta necesidad de forjar vínculos de identidad colectiva (de un grupo frente a otro), será más acuciante en el caso de los griegos, conjunto de ciudades-Estado y poblaciones bajo diferentes condiciones de dependencia, heterogéneas en lo religioso y en constante conflicto entre sí (como demuestran la Guerra del Peloponeso o la condición de servidumbre de los ilotas, por parte de los espartanos). Así, por tanto, la identidad griega se construye soslayando las numerosas diferencias de carácter político-estratégico (intereses oligárquicos) e ideológico. La magnitud del choque entre persas y griegos durante las guerras médicas es producto de la naturaleza de las fuentes escritas, interesadas en construir un relato edificante para la retroalimentación de esa identidad. Algo muy similar describirá mucho después Samuel P. Huntington como “civilización” o “cultura”. Numerosos ideólogos han tratado de mostrar la continuidad desde la cultura griega hasta la actual “civilización occidental”, siendo las Termópilas el primer baluarte de resistencia, de cuyos resultados (el sistema democrático y una pluralidad política aparentemente excepcional) seríamos “nosotros” herederos. En todas las potencias europeas y en EEUU en especial, se ha construido una identificación con la democracia ateniense. 

Heródoto (484 - 425 a. C.)







Heródoto era un niño cuando tuvo lugar la batalla, pero cincuenta años después la contó como un sacrificio noble y valeroso (ya “el adivino Megistias” “les anunció que iban a morir al rallar el día”) de 4.000 hombres venidos del Peloponeso (espartanos, tespianos, tegeas, mantineas, orcómenos, corintos, micenos, tebanos, focenses, etc.), frente a 3.000.000 de persas (cifra exagerada que no alcanzaría más de 150.000). El sacrificio era fruto de la obediencia a un mandato superior en el caso de los hombres de Leónidas (obediencia y disciplina), acto que engrandecía aún más su hazaña y la hacía destacar en sus tumbas del resto de hombres, incluyendo aquellos lacedemonios que cobardemente habían huido de la línea de vanguardia[3]. Frente a ellos, los soldados bárbaros son hombres animalizados y serviles que, a golpe de látigo por parte de sus oficiales, avanzan hacia una ratonera (el paso de las Termópilas), por orden de un déspota oriental (Jerjes I, 519-465 a. C.). Entre las víctimas persas contó Heródoto como víctimas a hijos del mismísimo rey Darío (un punto de nobleza en caracterización del rival). El resultado que trata de transmitir Heródoto es el de una derrota honorable y edificante, una tragedia de factura histórica donde queda respetada la honorabilidad de los vencidos. Es una exaltación de la guerra defensiva, realizada con el favor y la ayuda de los dioses, el sacrificio por una noble causa (la libertad) y la buena táctica para que esto resultara posible: si vis pacem para bellum (el conocido lema romano que conocemos por Vegecio).


El dramaturgo Esquilo (525 – 456 a.C.) escribe algo antes la primera tragedia, en 472 a.C[4]. Este escritor del ática (oriundo de Eleusis, que acabará sus días en Sicilia) representa la derrota naval aqueménida en Salamina (480 a.C.) frente a la flota ateniense comandada por Temístocles, pero lo hace desde el punto de vista del “otro”, de la corte persa que recibe las noticias. Su objetivo fue dotar a dicha batalla de magnificencia, empleando el género trágico en beneficio de una crónica política auténtica y atendiendo a la difusión que recibiría su obra entre el público (Temístocles pretendía ver reforzado su papel al mando de la armada, en aquella obra), narrando la retirada del rey Jerjes, víctima de sus ansias irrefrenables de conquista[5]. Los griegos causan a los medos “desgracias sin cuento”, como auténticos hijos de la libertad (de la defensa de la individualidad, dirá Huntington), defensores de la patria (los ancestros o familiares y la escasa tierra que poseen) y de sus deidades (la religión, los templos y santuarios)[6]. Según creen los miembros de la corte, entre los combatientes griegos no habría ningún esclavo ni súbdito (Atenas vive bajo los efectos de la reforma de Clístenes, 570 – 507 a.C. y se halla en trance de ver el ascenso de Pericles, pero como sabemos, la democracia no alcanzaba a mujeres, siervos ni extranjeros), tal y como cuentan los corifeos[7] a la reina aqueménida, informada del desastre de su marido. La construcción del mito vuelve a emplear en Salamina (al igual que en Termópilas), el recurso al embotellamiento y atasco de la masa de siervos orientales (una masa humana sin individualidad), que choca contra una pared de hombres libres (hoplitas formando falanges). Como apunta Carlos García Gual[8], el dramaturgo prefiere centrar el clímax de su relato en el dolor del enemigo logrando un mayor impacto emocional (pathos) sobre la identidad de los espectadores. El dolor de los derrotados se convierte en hilo argumental para la exaltación de los valores defendidos por Atenas, aunque Esquilo atiende más a un sentimiento común que a un patriotismo de ciudad-estado, y ese es su interés para nosotros[9]. Se está creando el sentimiento de panhelenismo, se está generando toda una leyenda construida sobre hechos pretendidamente históricos, fundadora y aglutinadora.

Samuel P. Huntington (1927-2008).

En 1993, el profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard Samuel P. Huntington publica un famoso artículo titulado ¿Choque de civilizaciones? Que pretende ser una respuesta a la tesis liberal del “fin de la Historia” (de los grandes conflictos mundiales y del triunfo de la democracia como sistema de gobierno) que Francis Fukuyama había presentado en un artículo publicado en verano de 1989, tras la caída del Muro de Berlín y el previsible final del sistema comunista en todo el planeta[10]. Frente al pretendido triunfo del libre mercado, Huntington, un ideólogo del gabinete de George Bush padre, defendió que ante el final del conflicto político acaecido en la “Civilización occidental”, tomaba relevancia ahora el choque de “carácter superior” entre civilizaciones. Atendiendo a un esencialismo sobre identidades étnico-religiosas inmodificables por siglos y siglos de conformación histórica (un neo-hegelianismo donde el “motor de la historia” son esas civilizaciones con más de un milenio de supuesta continuidad), señala un nuevo enemigo de EEUU y Europa: la civilización musulmana[11]. Dado que según Huntington, la característica religiosa es superior a cualquier otra, tal y como apuntaron los griegos[12] será en torno al catolicismo y el protestantismo donde confluirán los intereses de Europa, Norteamérica e Iberoamérica. Parece que los años 90 fueron el momento propicio para la construcción de este nuevo enemigo, una vez rendida la URSS y abierto el mercado de Europa del Este. 

Frank Miller (nacido en 1957; en Olney, Maryland)
En este contexto ideológico el dibujante Frank Miller publica una visión muy particular de la narración de Heródoto, con una serie de cinco comics llamada 300, entre 1998 y 1999. El autor re-elaboró el relato de las Termópilas ampliando e inventando a su gusto. De este comic y las diferencias frente a la película que apareció poco después (el 9 de marzo de 2007 en Estados Unidos), dirigida por Zack Snyder[13], podemos extraer numerosas conclusiones sobre la construcción del enemigo común. El cómic se publicó antes de los atentados del 11 de Septiembre de 2001 y guarda una caracterización poco amable de los espartanos y de los persas. Pero la película es ya un panfleto político de la fase final de la Era Bush contra el mundo musulmán, durante la crisis del ejército estadounidense en Irak, donde la imagen de los persas es endurecida y la del ejército espartano reblandecida para un público occidental.

Hagamos un repaso al filme atendiendo a las diferencias con el cómic y el retrato estereotipado de ambos bandos. El filme arranca con la descripción de la dura infancia del niño Leónidas, salvado de la eugenesia practicada con los niños espartanos que no tenían una salud apta para el servicio de armas, y describe la agogé, duro entrenamiento de carácter militar y cívico descrito por Plutarco. El niño Leónidas roba, mata a un lobo con la única ayuda de una lanza[14], vestido con un taparrabos. Tras convertirse en rey de Esparta, “una nueva bestia” se aproximará, para “acabar con toda esperanza” y “razón”: un ejército de persas[15]. La llegada de la embajada aqueménida a Esparta viene precedida por una escena entrañable entre Leónidas y su hijo pequeño (al que besa en la frente) actitud que para nada cuadra con el carácter siempre agresivo del personaje de Frank Miller[16]. El embajador de Jerjes es caracterizado como un autómata insultante que exige con fuertes amenazas (las cabezas de los reyes anteriormente derrotados) una prueba de sumisión en forma de “tierra y agua” para su rey. Finalmente, Leónidas lo envía al fondo de un enorme pozo, tras recibir la aprobación de su mujer (la reina Gorgo)[17].

Tras esto se nos muestra su visita al consejo de los Éforos, y el respeto externo hacia la tradición y sus mayores (a pesar de que interiormente los detesta): busca obtener el permiso de los dioses para declarar la guerra. Leónidas dice, en atención a la sumisión al oráculo: “Ningún espartano, súbdito o ciudadano, hombre o mujer, esclavo o rey, está por encima de la ley”: Snyder quiere dejar otro mensaje al espectador[18]. A pesar de lo cual, el oráculo decide en contra y Leónidas sigue adelante. Como “hombre libre” (en palabras de Gorgo), decide ir a la guerra llevándose sólo a los 300 hombres de su guardia personal para no quebrantar la ley. Se despide de su mujer donde se vuelve a traslucir una emoción y humanidad de la que carece el personaje original de Miller[19]. Inician la marcha, y se les suman otros aliados griegos, caracterizados como inexpertos, hombres de variados oficios frente al carácter elitista y pretoriano de los 300 espartanos[20]. Snyder ignora una escena brutal del comic de Miller, donde un capitán golpea salvajemente a un soldado espartano que cae deshidratado al suelo. En su camino a las Termópilas pasan por una ciudad saqueada e incendiada por los Inmortales persas (esta escena no aparece en el original de Miller)[21].

La secuela, estrenada en 2014, contará con un mayor número de escenas "náuticas" (Fuente de Imagen: ABC)
La colosal flota persa recibe el castigo de Zeus (la justicia de su lucha) en forma de terrible tormenta, pese a lo cual consiguen desembarcar. Hacen acto de presencia los primeros latigazos de los oficiales a sus soldados, recordándonos la descripción servil que daba Heródoto: el látigo, que muestra la condición inferior de unos frente a otros. Todos los soldados persas, en especial los Inmortales, aparecen completamente deshumanizados: con la piel cubierta por densos pliegues de ropajes oscuros orientales y las caras tapadas con capuchas, reforzando su carácter de masa y animalidad. Frente a ellos, los espartanos sólo portan un taparrabos, un escudo, una capa roja, la lanza y una espada. El color rojizo de sus pieles los dota de humanidad e individualidad. Sus barbas y cabellos rasurados (en oposición a las melenas que realmente llevarían estos) los dotan de una apariencia más cercana a la de un marine de EEUU.
Leónidas tiene a continuación una conversación con el espartano Efialtes (en realidad el tebano que, según Heródoto, traicionó a los griegos mostrando el camino al ejército de Jerjes). En la película es un ser deforme que acude para luchar y es amablemente rechazado por Leónidas que lo invita a ayudar con los heridos[22]. Se producen después las primeras acometidas del ejército persa, y reciben descargas de flechas (“cobardes persas” dice Leónidas): sólo el combate cuerpo a cuerpo es considerado honorable por Heródoto. Y así van transcurriendo las oleadas de ataques a cargo de la caballería hasta que se produce el primer cese de hostilidades y Jerjes aparece en escena para parlamentar con Leónidas. La indumentaria de la grotesca corte de Jerjes incluye mujeres semi-desnudas, en clara consonancia de ese imaginario sensualista que Occidente representa sobre Oriente (ver nuevamente E. Saïd). La altura del trono, su voz sobrehumana manipulada por ordenador, sus piercings y aspecto andrógino buscan provocar la risa y la burla del espectador[23]. Jerjes dice a Leónidas: “yo sacrificaría a cualquiera de mis hombres por obtener la victoria”. Leónidas responde: “yo moriría por cualquiera de mis hombres”. Y sigue: “tienes muchos esclavos Jerjes, pero pocos soldados”[24]. El rey espartano se niega a rendir “toda Europa” a los pies del persa y este lanza sobre ellos a su cuerpo de élite, su guardia personal: los Inmortales. Estos soldados son los más deshumanizados de todos: hombres vestidos de negro, con máscaras plateadas que les tapan la cara, y rostros deformes detrás de estas. Seres demoniacos, con los cuales el espectador no puede empatizar. Cada vez más, la lucha se torna una prueba decisiva entre el “bien” y el “mal”, entre la civilización (la Grecia de la libertad y la razón) y la barbarie (el Oriente irracional, supersticioso y esclavista)[25]. Van apareciendo monstruos y seres deformes cada vez más grandes. Finalmente, los persas recurren a la “magia”: soldados encapuchados que lanzan bombas (una escena que tampoco aparece en el cómic) y quizá nos remite a la sensibilidad estadounidense hacia los atentados[26].

Tras conocerse la traición de Efialtes, todos los aliados griegos abandonan a los espartanos (versión que, como venimos diciendo, no corresponde con Heródoto): “una nueva era de libertad comienza” (dice Leónidas)[27]. En el consejo de Esparta, Gorgo, la reina, se presenta ante el mismo “como madre, esposa” y por todos los hijos. En esa sala la reina asesina al otro rey (Terón), descubierto su complot pacifista (llevaba dinero persa encima). Mientras tanto Leónidas acaba su vida enviando una lanzada contra Jerjes, al que hiere en la boca, descubriéndole que no es divino y haciéndole sangrar: el persa sería un necio frente al racionalista griego[28]. La película acaba con una arenga, previa al enfrentamiento de Platea (479 a.C.) de un soldado llamado Dilios (enviado por Leónidas para contar lo que había sucedido), fundamental: “recordadlos”.

¿Existe relación entre la teoría de Huntington y el mensaje de 300? Hasta ahora hemos visto algunos paralelismos pero profundizaremos más. Frank Miller dijo de su obra que: 

“Los espartanos eran un pueblo paradójico. Eran los dueños de esclavos más grandes de Grecia. Pero, al mismo tiempo, las mujeres espartanas tenían un nivel inusual de derechos. Es paradójico que un pueblo que en muchos aspectos era fascista, fuera el baluarte contra la caída de la democracia[29].

Miller también se siente “heredero” de Grecia. Esta visión de un grupo de espartanos enfrentados a la traición y amenazados por un mal superior, del “Occidente contra las demás” que expondrá Huntington, ha perdurado como “destino inevitable de la cultura”, fenómeno determinista por el cual los iguales tienden a defender a sus iguales sin opción a decidir otra cosa, aunque estos los traicionen[30]. Además, nos remite a un rechazo de los sistemas políticos y parlamentarios, dando a entender que el militarismo es la mejor manera de defender los valores culturales. La idea de libertad también gira continuamente en el discurso de Huntington porque ese es el discurso legitimador del imperialismo de EEUU contra el llamado eje del mal[31]

Atendiendo de nuevo al filme de Snyder, no podemos olvidar que las películas no están hechas para un público deseoso de aprender Historia, y que estas reflejan más las ideologías, motivaciones y preocupaciones de las sociedades actuales que los problemas del pasado. Toda película de género histórico suele utilizar la narración como metáfora para su propio mensaje, producido por y para su presente[32]. En el caso de 300 el filme trasciende el discurso que pretende narrar (que anteriormente analizamos) para internarse en el empleo de una técnica de efectos especiales donde algunos han visto el fenómeno del “fascinante fascismo” descrito por Susan Sontag para la propaganda, la “cosmética imaginaria” y la iconografía de tintes míticos del régimen nazi. Así, cuando el filme describe a los políticos estartanos desde el ángulo de la traición a la patria, del soborno y la falta de escrúpulos, no se estaría buscando otra cosa que el rechazo del espectador hacia y con quienes actúan de la misma manera (los opositores a la guerra, los pacifistas) en las instituciones políticas que para este son familiares (congreso de EEUU)[33]. Frente a estos políticos, la legitimación de una “cultura de guerra”, en la admiración hacia la casta militar, su carácter rudo pero moralmente blindado por la obediencia y las virtudes éticas del “servicio” y la “camaradería”, incitan al espectador a tomar una postura política favorable al belicismo[34].

¿En qué contexto político se está desarrollando esta “cultura de guerra”? Tras el primer impacto del atentado al World Trade Center en 2001 y la reacción contra Afganistán, algunos países y organismos supranacionales (Francia e incluso la propia UE) vacilaron en seguir mostrando su completo apoyo a la política beligerante de EEUU en Oriente Medio, con posturas diplomáticas de neutralidad. También se produjo un fuerte rechazo de la sociedad civil en numerosos países, España entre ellos.
Bombardeo de Bagdad (2003) que da inicio a la guerra de agresión de EEUU y sus aliados sobre Irak. Imagen: NBC News

Huntington indica que “las naciones-Estado no son los principales agentes de los asuntos mundiales” si no que son las “civilizaciones” quienes sirven de neohegeliano “motor de la Historia”, más allá de sus discrepancias políticas, del mismo modo en que el mito panhelénico defiende que las ciudades-estado se unieron a pesar de sus discrepancias (Esparta también aparecía como parte, gracias a los 300 de Leónidas) para defenderse de la invasión persa debido a dos motivos principales: una misma lengua (griego) y una misma religión (en este caso, un panteón y una tradición de santuarios y tumbas dedicadas a héroes míticos). 

Leónidas encarna en Heródoto el heroísmo homérico (descendiente de Heracles) y sirve de ejemplo y aglutinante para la unidad panhelénica. Esta tradición del culto al héroe (difundida entre los siglos IX y VIII a.C.) unida al interés político del ateniense Temístocles para empujar a los lacedemonios a la guerra contra los persas, explica la mitificación que sufre el paso de las Termópilas, jalonado con múltiples tumbas, y la pelea por poseer el cadáver del rey espartano[35]. La ciudad, se apropia de los caídos en oposición al sentimiento familiar arcaico y todos son desde entonces honrados como héroes, independientemente de su origen[36]. Este mismo fenómeno se da en EEUU tras el 11S, que otorga categoría de héroes a los bomberos, policías y militares que dieron su vida ayudando a los atrapados en los edificios, construyendo sobre ese sentimiento de colectividad (potenciado en el dramatismo otorgado por los medios de comunicación, en especial la televisión y el cine) una campaña bélica internacional[37]. EEUU siempre había manifestado un fuerte patriotismo, pero ahora George W. Bush pretendía estar protegiendo al mundo entero, contra un mal absolutizado, con la ayuda de Dios. En la época de Esquilo el principal medio de difusión de ideología fue el teatro. En la actualidad lo es la televisión. Aunque la obra Los Persas no llegara a cumplir las espectativas políticas de Temístocles, su lectura de “lo oriental” ya sanciona un estatus enfrentado, un “nosotros” y “ellos” mediatizado por un ideal falsificado[38].

Recapitulando sobre las Termópilas, es preocupante que muchos historicistas contemporáneos sigan explicando esta batalla como jalón decisivo y “choque de civilizaciones” que tuvo en vilo a toda la Historia Universal (en palabras de Hegel)[39].
Frente al idealismo de Fukuyama, la lectura desarrollada por Huntington no es menos peligrosa. El enfrentamiento “cultural” (concepto que no queda nada claro) entre occidente y oriente se sigue interpretando como un fenómeno “natural”, inevitable, y los paralelismos entre la construcción griega y la nuestra son totales. No parece que hayamos innovado demasiado desde entonces.


[1] Heródoto, Historia, VII, Gredos, Madrid, 1985, pp. 219-228.
[2] A este respecto, es interesante consultar alguno de los numerosos libros que Zvetan Todorov dedica a las identidades culturales.
[3] “(…) a los espartiatas en particular se refiere esta otra [inscripción en las tumbas]: Caminante, informa a los lacedemonios que aquí yacemos por haber obedecido sus mandatos.” Según este relato, los hombres de Leónidas se habrían sacrificado en cumplimiento de las leyes espartanas. El historiador estaba construyendo “memoria” colectiva: la semilla del panhelenismo que pretendía propugnar. Heródoto, Opus Cit.,pp. 219-228.
[4] Esquilo, Los persas, Gredos, Madrid, 1986, pp. 218-263.
[5] Edward Saïd apuntó que Esquilo es el primer gran difusor de la imagen mítica y “familiar” de oriente (orientalismo) que luego será tan explotado por la literatura occidental. También será el despotismo oriental frente a la democracia occidental. En el sensualismo y la grotesca descripción de la corte de Jerjes, la obra gráfica de Miller y Snyder recordará dicho orientalismo. “El producto principal de esta exterioridad es, por supuesto, la representación: ya en la obra de teatro de Esquilo Los persas, Oriente deja de tener la categoría de un Otro lejano y a veces amenazante, para encarnarse en figuras relativamente familiares (en el caso de Esquilo, las mujeres asiáticas oprimidas). La inmediatez dramática de la representación en Los persas encubre el hecho de que el público observa una representación muy artificial de lo que un no oriental ha convertido en símbolo de todo Oriente.” Ver Said, E. W., Orientalismo, Barcelona, 1990. pp. 21, disponible online en: http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Said%20introduccion.pdf [Consultado el 17/11/2013]
[6] Para Huntington, la identidad religiosa será el aglutinante superior de las “culturas”. “En los conflictos ideológicos y de clase, la pregunta clave era: “¿usted de qué lado está?”; y las personas podían escoger o cambiar de bando, y así lo hacían. En los conflictos entre civilizaciones, la pregunta es: “¿usted qué es?”. Esencialismo. Ver en Huntington, S. P., “¿Choque de civilizaciones?”, Foreign Affairs, 1993, p. 3.
[7] Dan voz a la nobleza persa reunida en torno a la corte.
[8] En este artículo, disponible online en: http://www.essayandscience.com/upload/ficheros/noticias/201102/artculo_1_garca_gual.pdf [Consultado el 20/11/2013].
[9] “Jerjes prorrumpió en gemidos al ver el abismo de su desastre, pues tenía un sitial apropiado para ver al ejército entero, una alta colina en la cercanía del profundo mar. Rasgó sus vestidos, gimió agudamente y, enseguida, dio una orden a sus fuerzas de a pie y se lanzó a una huida desordenada.” Esquilo, Ops Cit., pp. 470.
[10] Este artículo de Francis Fukuyama se publicó originalmente en la revista The National Interest, y tiene su ampliación en castellano, publicada como El fin de la Historia y el último hombre, Planeta, Barcelona, 1992. Huntington contestó: “Al desaparecer la división ideológica de Europa, reapareció la división cultural entre cristianismo occidental por una parte y cristianismo ortodoxo e Islam por otra”. Superadas las diferencias ideológico-políticas, reaparecerían divisiones “superiores” de identidad cultural y primordialmente religiosa. Huntington, S. P., “¿Choque de civilizaciones?”, Foreign Affairs, 1993, p. 2.
[11] Recomendable el interesantísimo artículo del iraní Nazanin Amirian (Sobre la película “300” al servicio de la guerra contra Irán) que relaciona el filme con la promoción del belicismo, el pensamiento único y la tesis del “Choque de civilizaciones” en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=49223 [Consultado el 23/11/2013]
[12] “Sangre, lengua, religión, forma de vida, eran lo que los griegos tenían en común y lo que los distinguía de los persas y otros pueblos no griegos”. Huntington, S. P., El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, Paidós, 1997, p. 34-36.
[13] 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006.                                                                                 
[14] El aullido del lobo, como alegoría del salvajismo frente a la civilización, será explotado por Snyder luego en la batalla, donde los soldados Inmortales de Jerjes mueren aullando como lobos.
[15] 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 7.
[16] Esta actitud de humanidad puesta por Snyder pretende que el público empatice con la causa espartana al tiempo que detesta al enemigo persa. Frank Miller fue más ambivalente, en su descripción de ambos bandos enfrentados, presentando a un Leónidas muy autoritario y que no mostraba compasión ante el sufrimiento de sus hombres, ni siquiera cuando se desmayan deshidratados. Más semejante a Jerjes, en este sentido.
[17] El papel de la mujer en la sociedad espartana es otro de los enlaces que busca Snyder con el público occidental: la identificación de Occidente y de EEUU en particular con la libertad de la mujer y su igualdad jurídica frente a los hombres. 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 12.
[18] Del mismo modo que Huntington dirá que la “civilización occidental” tiene como “característica propia” el “Imperio de la Ley”, “heredada de los romanos” y evolucionada por el pensamiento medieval (“derecho natural”) hacia el moderno constitucionalismo. En El Choque de Civilizaciones y la reconfiguración del orden mundia”, Paidos, Buenos Aires, 1997, pp. 63-65.
[19] “Marchamos por nuestras familias, por la libertad.” 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 25.
[20] Leónidas pregunta: “¿Cuál es vuestro oficio?”, a lo cual responden todos al unísono con un grito de guerra. Es una apología a la superioridad ética de la actividad militar y su utilidad comunitaria (si vis pacem para bellum), al militarismo, frente a la corrupta, negligente y traicionera actividad de los políticos. 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 28.
[21] “Con sus garras y colmillos, nos apresaron a todos” dice un niño (víctima del ataque, que morirá en los brazos de Leónidas) en referencia a los Inmortales. La deshumanización de los persas, “fantasmas” y “cazadores de almas”, se hace más evidente conforme se acerca la batalla. 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 31.
[22] Leónidas le hace ver que aunque posee buena técnica individual con la lanza, no puede participar en una falange puesto que no es capaz de mantener el escudo en alto para defender a su compañero de la izquierda. 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 40.
[23] Esta idea contrasta con los retratos de que disponemos para los reyes aqueménidas, con largas melenas y cuidadas barbas, frente al rostro rasurado de Jerjes en la película. La actuación de esta caricatura de rey incita a la risa. 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 55.
[24] En el cómic de Miller, se dice, sin embargo: “tienes muchos soldados pero pocos guerreros”.
[25] “Las infinitas hordas de Asia”, las llama Leónidas, que vienen desde “el confín más tenebroso del Imperio de Jerjes”. El maniqueísmo es total. 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 60-66.
[26] Esta escena tiene como objetivo conseguir la empatía del espectador norteamericano ante los continuos ataques terroristas con bomba que, por aquellas fechas, estaba sufriendo el ejército norteamericano en Bagdad y otras ciudades iraquíes. Snyder busca la empatía de las tropas norteamericanas, de sus familias y de la sociedad civil en general. Según Carmona Centeno, D. y Martens, H., “300: apuntes sobre la adaptación al cine de la novela gráfica de Miller”, Thamyris, nova series: Revista de Didáctica de Cultura Clásica, Griego y Latín, Nº. 2, 2011 , pp. 23-48,
[27] 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 73.
[28] Al morir, Leónidas y su capitan se dan la mano y tiene lugar este diálogo: “- Mi rey, es un honor haber combatido a tu lado.
- Es un honor morir al tuyo”. 300, Zack Snyder, Warner Brothers, EEUU, 2006, min. 97.
[30] Huntington, S.P., “¿Choque de Civilizaciones?”, Foreign Affairs en español, Council of Foreign Relations, Washington, 1993, p. 2.
[31] No en vano, la guerra contra el “eje del mal” contó con el rechazo de gran parte de la comunidad internacional. La operación militar propugnada por EEUU en 2003 contra Irak llevó por título “Libertad Duradera”. Ver ejemplos de su retórica en http://www.retoricas.com/2009/06/bush-comienzo-operacion-libertad.html [Consultado el 29/11/2013]
[32] Fandiño Pérez, R. G., “Una vez más fascinante fascismo. Comentarios sobre 300 de Zack Zinder (2007)”, HAOL, 15, 2008, pp. 146.
[33] Ibíd., p. 148.
[34] El trabajo de los artistas al servicio de la estética nazi no sólo eran una propuesta estética, sino que a través de ellos se diseña el modelo del hombre nuevo: salud, fuerza y pureza racial. Samaniego, A., “La estética nazi. El poder como escenografía”, en Hernández Sánchez, Domingo (ed.), Estéticas del arte contemporáneo, Salamanca, 2002.
[35] La tumba de Leónidas es jalonada con un león (función apotropaica), como señala Heródoto, VII, 255, 2.
[36]  Rodríguez, M. A., Nacimiento y consolidación de la historiografía griega, Zaragoza, 2012.
[37] Como ejemplo de “cultura popular” contemporánea a 300 y la heroización de las víctimas del 11S podemos tomar la película del director Oliver Stone, World Trade Center, Paramount Pictures, 2006.
[38] Un ideal que habla de las construcciones propias como indica Edward Saïd: “el orientalismo es -y no solo representa- una dimensión considerable de la cultura política e intelectual moderna, y, como tal, tiene menos que ver con Oriente que con «nuestro» mundo”. Said, E. W., Opus. Cit., p. 35, disponible online en: http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Said%20introduccion.pdf [Consultado el 10/12/2013].
[39] Ejemplo de esta visión es Cartledge, P., Termópilas: La batalla que cambió el mundo, Ariel, 2007, donde este profesor de Oxford (cuya hermana falleció en los atentados de Londres, de 2005) relaciona el conflicto con el actual terrorismo islámico. Véase en especial el epílogo “Las Termópilas: un momento decisivo en la historia universal” (p. 227 – 241) donde hace un recorrido por la idealización ejercida por los ilustrados sobre la sociedad espartana como utopía y modelo ideal de sociedad política.

Comentarios

  1. La estética nazi es similar a la stalinista [y mas cuando intenta acabar con los malevich y compañia, como representantes del arte burgues (?)], así que en vez de hablar de estética fascista mejor estética totalitaria... hay bibliografía de sobra sobre el tema

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  2. Cuidado con la obra de Edward Saïd que no es historiador, y cuyo texto esta plagado de muchas imprecisiones y lecturas interesadas, léase a modo de critica y a modo de ejemplo [supongo que a España estos textos no han llegado.]

    Daniel Martin Varisco Reading Orientalism: Said and the Unsaid http://books.google.es/books/about/Reading_Orientalism.html?id=gK6NXdj-uKoC&redir_esc=y

    Robert Irwin For Lust of Knowing: The Orientalists and Their Enemies http://books.google.es/books/about/For_Lust_of_Knowing.html?id=fji7CWiJyoUC&redir_esc=y

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    1. Muy agradecido de esas recomendaciones bibliográficas querido Anónimo. Es un placer que lectores informados lean mi blog. Saïd es, ciertamente, un autor problemático aunque también debemos valorar su voz, pero examinare esa bibliografía en cuanto tenga la oportunidad. Un cordial saludo.

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  3. Interesantísimo artículo. He aprendido, entre otras muchas cosas, que Herodoto es Heródoto!

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  4. Respuestas
    1. Me miras con buenos ojos. Gracias de corazón.

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