El republicanismo blasquista: una experiencia política ante la gran crisis de sistema de la Restauración (IV y último)

Epílogo del blasquismo populista y repliegue conservador:

Vicente Blasco Ibáñez   Fuente: www.elmunicipio.es


Poco a poco, las llamadas “fuerzas vivas” de aquel primer periodo populista en la ciudad de Valencia se fueron apagando. El blasquismo como movimiento político da paso a un partido de notables y talante conservador. El proyecto blasquista consistía en presentar la reforma urbana como un proyecto económico beneficioso para la burguesía progresista y las clases populares logrando aglutinarlas en un bloque de progreso, en un frente populista contra el corrupto régimen canovista. El fracaso de este proyecto fue notable tras una confluencia ocasional, beneficiosa en lo económico pero fracasada en lo político, dado que la burguesía reaccionó contra la mayor radicalización (sentido lerrouxiano) del blasquismo entre 1909 y 1911.

En mayo de 1909 se celebran elecciones municipales y los blasquistas logran los catorce puestos a los que se presentaban. Pero en Agosto se produce la Semana Trágica y los conservadores despiertan asustados de su letardo. Ante estos acontecimientos cunde el miedo y consiguen reorganizarse. En diciembre, los blasquistas pierden cinco puestos en las elecciones municipales. Los ligueros ultracatólicos, los carlistas, conservadores y otros liberales se unen por fin en una gran coalición para las generales de 1910 y, por primera vez desde 1899, ocupan el primer puesto. En las municipales de diciembre de 1911, ocurren los sangrientos acontecimientos de Cullera, donde los blasquistas pierden la mayoría en la Corporación municipal. Valencia cambia de manos. 

Desde 1907, cuando Blasco abandona la política para poner en marcha sus aventuras americanas, Azzati se convierte en jefe de partido y rompe con la Unión Republicana de Salmerón (dando paso al nuevo partido conocido como PURA); el blasquismo tiene que resituarse políticamente y en esa tarea pasarán varios años. Finalmente opta por vincularse al republicanismo más sosegado ahora de Lerroux, para hacer un “regionalismo práctico” que rechaza toda defensa de valencianismo (tanto cultural como político). Pero no siquiera este último intento de radicalización logra funcionar. No consiguen atraerse a los obreros, que ya cuentan con la CNT y los blasquistas se ven rebasados por la lucha social que acontece en las calles. El PSOE aumenta su apoyo aunque todavía no llega a ser una alternativa. El horizonte blasquista se termina de cerrar.

Sigfrido Blasco-Ibáñez en las elecciones del 19 de noviembre de 1933. Fotos de Vidal Corella recogidas en www.skyscrapercity.com


Finalmente, el blasquismo volvió a recuperar la alcaldía en 1914 bajo el rótulo de “Unión Republicana” pero ya no era aquel movimiento inicial de masas aglutinador e interclasista. Su deriva conservadora, muy visible durante la II República, cuando ya era jefe el hijo de Blasco (Sigfrido), junto al también venido a menos Partido Radical de Lerroux, le acabía llevando a los malos resultados de 1933 y finalmente en la debacle de 1936, por el escándalo del Straperlo, sufriendo una aplastante derrota ante el Frente Popular. 

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