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sábado, 26 de octubre de 2013

El republicanismo blasquista: una experiencia política ante la gran crisis de sistema de la Restauración (III)


El diario El Pueblo:


Célebre artículo de Blasco: La lepra catalanista.Año XV n5480 (13 de junio de 1907).
Fuente: http://prensahistorica.mcu.es

El diario El Pueblo se asocia desde el nacimiento al movimiento blasquista y a la propia figura del escritor y político, de tal modo que ninguna de las tres partes se podría entender sin las otras dos. El periódico actúa como correa de transmisión, activador, cohesionador, agitador y educador de masas. Tiene un relevante papel como instrumento político del partido, y en último extremo se llega a considerar como la lectura obligada para el republicano. Es el medio de identificación con el partido, y a través de él se consigue identificar al lector con la forma básica de militancia [1]. Con esta herramienta se enfrenta a otros rotativos como Las Provincias y El Mercantil Valenciano. Pronto se convierte en el diario más leído en tabernas y cafés, aunque es el menos vendido.

En los primeros momentos, a Blasco se le presenta la tesitura de conseguir más lectores, difícil empresa si se pretendía mantener la línea republicana radical (que limitaba el público receptor al sector de clase más desfavorecida), y eran al mismo tiempo las que disponían de menos recursos para adquirirlo regularmente [2]. Pese a este handicap, mantiene su línea editorial, como herramienta de partido, y de este modo el periódico se convierte en sumidero de recursos, no llegando a ser rentable nunca [3]. 

Es necesario contextualizar la influencia del periódico con el número de individuos que tenían la capacidad de leerlo, con las tasas de analfabetismo de la época, que oscilaban entre el 20 y el 50% dependiendo del área de Valencia.  El Pueblo era accesible para una gran parte de la sociedad. Si contraponemos las cifras de tirada, 10.000 ejemplares, con los votos obtenidos por los candidatos blasquistas, duplicando esta cifra, podemos establecer cierta correlación. Pero no debemos pensar que la correlación es directa, existía una amplia base lectora de El Pueblo ya en 1899. Antes de convertirse en potenciales votantes. Ni todos los lectores votaban a los candidatos blasquistas, ni todos los votantes leen el diario  [4]. El periódico también era un método de información para el adversario político.

No se limitaba a informar. Construía su discurso incitando al lector a su visión particular de la realidad. Centraba la atención del lector hacia un asunto específico y lograba movilizarlo durante un tiempo en ese asunto hasta explotar la máxima movilización ideológica [5]. En este sentido, su proceder era súmamente moderno. Eran esas denominadas campañas, polémicas constantes se reflejaban sus obsesiones y objetivos más directos. Este método se demostraró eficaz. 

Se mantendría siempre el foco máximo sobre algo o sobre alguien (como en la guerra de Cuba, el homenaje a Zola, las torturas de Montjuich, el caso de Ferrer i Guardia, etc.) y en el trato hacia las personas empleó siempre expresiones faccionalistas para identificar a los distintos actores en liza. Así, era habitual encontrar algunas como: republicano convencido y amigo de esta casa, que acentuaban la división emocional. Eran constantes las referencias a la “defensa de la libertad”, la denuncia a las torturas policiales, etc. 

Un claro ejemplo de este sistema de campañas es el impacto que tuvo el artículo “Yo acuso”, de Emile Zola, sobre la clase obrera valenciana. Pío Baroja dirá (de Zola) que en Valencia se hablaba de él como si fuese un concejal del barrio [6]. Tónica habitual eran las oleadas informativas, un recurso para barrer opiniones anteriores que las circunstancias habían hecho variar de entonación o de posición, desarrollando campañas más agresivas que ejercían el efecto de sustitutivo. Un claro ejemplo de ello es el caso de los arriendos de consumos contra los que se desarrolla una vigorosa campaña en 1900 y que un año más tarde desaparece complétamente del papel. Estos cambios de opinión supondrían más adelante un problema para el blasquismo, sobre todo por su forma de argumentar, que era monolítica y emocional. Que conllevaba giros argumentales muy dramáticos para el público [7].
La redacción de El Pueblo.
Fuente: Biblioteca Miguel de Cervantes Virtual.

Debemos enmarcar el diario en esta primera experiencia de partido urbano y moderno de masas, como un elemento clave en el organigrama y plenamente integrado en su estructura organizativa. El Pueblo es el medio que permitía mantener la comunicación con la base social y movilizarla en los momentos oportunos donde era necesaria la acción directa. Logaba adhesiones que abarcaban a un amplio círculo de la sociedad valenciana (aquellos que en la actualidad denominaríamos afiliados o militantes) [8]. Prensa de movilización a la búsqueda de opinión, pero también de legitimación de un liderazgo y de apoyo a los nuevos ámbitos de socialización como los casinos y ateneos que ahora nos disponemos a comentar. La prensa se había transformado en un poder paralelo al partido político y el propio periódico habría de buscar el modo de mantener una red de adherencias al partido [9].






Los casinos blasquistas: herramienta de movilización.



Los casinos blasquistas fueron una creación propia con rasgos diferenciados frente a los tradicionales Casinos dinásticos o católicos. Su modelo recoge el prototipo del Ateneo-Casino Obrero fundado por Francisco Vives Mora en 1876, que en 1898 ya se encontraba en decaimiento. En este, los blasquistas ofrecerán una formación variada de tipo político, literario y científico, divulgativa. Movilización y politización. Las actividades de esparcimiento y ocio también son un eje socializador inconmovible en una sociedad que se relacionaba hacia afuera. Se formaba a los militantes, se les hacía sentir correligionarios de una causa, y los distintos casinos se relacionaban entre sí por medio de actividades compartidas. Al casino se acudía a hacer política [10]. 

El blasquismo contaba con uno, dos o incluso tres casinos por barrio, interconectados y su utilidad era triple. En primer lugar producía un movimiento circular: los presidentes eran convocados para ratificar a los candidatos electorales, estos darán mítines y finalmente, según barrios, se paseaban acompañados de la plana mayor del casino. La red de casinos llevaba a los candidatos por toda Valencia en un circuito de contactos, inédito hasta entonces. Por otra parte, los interventores del casino conocían a las gentes del barrio y agrupados en cuadrillas impedían que se suplantara la personalidad de los votantes y se produjeran los clásicos pucherazos a favor de los dinásticos. 



La noche del recuento acudían todos al casino central para celebrar los resultados. Cuando accedieron al control municipal en 1901, se tomaron los canales de comunicación entre el ayuntamiento y el partido para hacer ámbas instituciones una misma. Finalmente, los casinos organizaban grandes manifestaciones (cada casino llevaba su propio estandarte), a menudo pacíficas, tranquilas y solemnes; que constituían una ocupación constante del espacio público y permitían ampliar el prestigio de Blasco y otros líderes [11]

“Hemos creado en Valencia un partido republicano potentísimo y disciplinado cual ningún otro en España [12].” 

Posiblemente tuvieron razón durante algún tiempo.
Manifestación en apoyo a Blasco y Lerroux el año que el primero cedía su acta de diputado (1908).
Fuente: Archivo Las Provincias.


El blasquismo ante el movimiento obrero:

Entre 1900 y 1902, el partido se dedica con atención preferente a la política de apoyo a las sociedades obreras: apoyan huelgas en las cuales se encuentra en juego el derecho de asociación, poniendo a disposición de estas todos los recursos del partido: prensa, casinos, influencia y el ayuntamiento desde que lo tienen en su poder, en 1901. Los blasquistas no prometen la revolución social, sólo la libertad política, y no tienen conciencia de lucha de clases ni nada semejante, pero se presentan como partido interclasista donde también “hay socialistas del todo” [13]. 

Pero el blasquismo desvía pronto la formación de la conciencia obrera y desvia la atención a los problemas clericales. El partido quería la exclusividad política y no podía mantener esa asociación permanente con las sociedades obreras. Desde el ayuntamiento (1902) comienzan a producirse intentos para evitar las huelgas, especialmente las generales (no sectoriales), con las únicas excepciones de las que buscan la mejora concreta sectorial (caso de la de 1904 en el puerto) y que sirvieran como elemento de presión contra el Gobernador monárquico. Así, El Pueblo reorienta su línea editorial tras los primeros pasos en el poder municipal. 



Las Sociedades Obreras intentaron entonces librarse de su fragmentación (estaban divididas en oficios). La Sociedad de Trabajadores del campo de Alcira (fundada por los blasquistas) se suma a Solidaridad Obrera de Cataluña (germen de la CNT) y el blasquismo emipeza a temer por su exclusividad política. Será tras la Semana Trágica (1909), cuando nazca la CNT y crezca el voto del PSOE. Será el punto de ruptura y la pérdida de la hegemonía, teniendo que reorientar su política a posiciones claramente conservadoras, aunque menteniendo todavía una importante credibilidad entre los anarquistas.


Base social del blasquismo y apoyo electoral:

Blasco Ibáñez, Nicolás Salmerón y Adolfo Beltrán en la
asamblea de Unión Republicana (1905)
 Según Ramiro Reig, la dinámica electoral blasquista puede dividirse en tres etapas. Una primera que abarca desde 1898 hasta 1907, con un ascenso imparable. A partir de 1907 hasta 1909: freno y estancamiento. Y finalmente, desde 1911 se produce la pérdida del ayuntamiento y un fuerte reajuste conservador en el partido. 

Vistas ya las líneas maestras del acceso al poder, conviene que sepamos cuales eran los apoyos electorales de este movimiento. Hemos adelantado que la pequeña burguesía urbana no llegó a identificarse plenamente con esta opción política. Valencia tenía 10 distritos electorales, de los cuales dos (Audiencia y Universidad) correspondían con la residencia de nobles y burgueses tradicionales. En Teatro recibirán el apoyo de la nueva burguesía. En Centro (zona del mercado) tenían un gran apoyo sustentado en la pequeña burguesía comercial. Los distritos populares (Museo y Vega) son una fuente de apoyo más inestable. Por el contrario, Hospital y Misericordia (también populares pero extrarradio de la ciudad, en zona de huerta) fueron distritos de éxito asegurado [14].



La hegemonía blasquista potenció muy pronto una reacción anti-blasquista de la burguesía tradicional: como botón de muestra tenemos los resultados de Audiencia y Universidad, en 1911, donde la Liga Católica absorbe el 75% del voto conservador. Asimismo, en Centro y Teatro, el blasquismo gana el apoyo de la burguesía comercial, pero tras la crisis de 1911 se pierde dicho apoyo, volviéndose a cifras del periodo de 1898: la retracción fue debida al carácter demagógico de su política de masas.


La controvertida gestión municipal blasquista:



“Valencia es la Atenas del mediterráneo y la nueva Florencia”, repetía a menudo El Pueblo. El blasquismo desarrolla desde 1902 una  doble línea de actuación, destinada a mantener su apoyo popular y tratar de ganarse a la pequeña burguesía de la ciudad. Una línea política de masas se encamina a suprimir las subvenciones de fiestas religiosas y cambiar nombres de calles importantes, para materializar en la opinión pública su aspiración laica [15]. Estimulan así el enfrentamiento público con los gobernadores civiles monárquicos e incitan a éste para intervenir en los asuntos del caciquismo provincial. 

Pero su empeño en fomentar políticas de  educación ciudadana no tuvo la fuerza que habían prometido de palabra: un balance del periodo, según muestra el historiador valenciano Ramiro Reig, muestras que insistieron en los aspectos más propagandísticos y demagógicos [16]. No apuestan decididamente por establecer un sistema educativo público y sólo construyen en este periodo una escuela con trece aulas. Destinan a la enseñanza en los Casinos y centros privados –incluso algunas entidades confesionales y parroquiales– importantes sumas que llegan de media anual a las 15.000 pesetas (en contraste con las 10.000 destinadas al carnaval). Un esfuerzo de cara a la galería en un presupuesto ya en sí mismo limitado.




Mitin de Blasco Ibáñez en Valencia, 1904.
Fuente: http://valenciablancoynegro.blogspot.com

En la línea política de atracción hacia las clases burguesas, el blasquismo intentó poner en marcha la necesaria reforma urbana [17]. Lo cierto es que, tras su llegada, dominó cierta pasividad en este asunto, y la comisión municipal (encargada de la tasación de los terrenos que iban a ser expropiados para levantar las nuevas calles y vías) acabó beneficiando tanto a blasquistas como a conservadores (como Ordeig, propietario de numerosos terrenos en la Gran Vía) y primordialmente a la nobleza y burguesía antigua, sin alcanzar el beneficio a las clases burguesas emprendedoras. 

La reforma urbana fue un estrepitoso fracaso político, aunque un éxito económico, pues la pasividad política de sus rivales, desde entonces, dañó su credibilidad. El frente blasquismo-oposición quedó roto y a partir de entonces resultaría muy difícil que la burguesía urbana los apoyara.


Seguiremos...





[1] REIG, Ramiro; Blasquistas y Clericales. La lucha por la ciudad en la Valencia de 1900, Institució Alfons el Magnànim, 1986., pp. 221 y 226.
[2] MILLÁN SÁNCHEZ, Fernando; Ops cit., pp. 61-61.
[3] LAGUNA PLATERO, Antonio. El pueblo, historia de un periódico republicano 1849-1939. Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 1999.
[4] Ramiro Reig. Blasquistas y Clericales…, Ops cit., p. 222-223.
[5] Ibíd., p. 222 y 225.
[6] Ibíd., p. 223-226.
[7] Ibíd., p. 224-225.
[8] Ibíd., p. 226.
[9]LAGUNA PLATERO, Antonio. Ops. Cit.
[10] Sobre los casinos, REIG, Ramiro; Blasquistas y Clericales…, Ops cit., pp 242 y ss.
[11] Acompañamiento: “Unas 2000 personas esperaban a Blasco en el paso a nivel del Grao para acompañarle con la banda de música hasta la puerta del Casino”, Almanaque Las Provincias, 11/19003.
[12] El Pueblo, 23-1-1902.
[13] El Pueblo, 29-5-1900.
[14] REIG, Ramiro, “El Fracàs de la burguesia urbana…”, Ops cit., pp 139 y ss.
[15] “Nosotros no tenemos el Boletín Oficial para llevar a término la separación entre Iglesia y Estado, pero mandamos en Valencia y aquí ya la hemos impuesto” dirá Adolfo Beltrán. Ibíd., pp 139.
[16] Ibíd., pp 143.
[17] En El Pueblo, el 6-11-1901, Blasco publicó su famoso artículo  “La Revolución en Valencia” donde exponía su ambición urbanística: “¡Hay que revolucionar Valencia!... Mientras llega el momento de regenerar España, revolucionemos nuestra ciudad, cambiando su vida material. […] Subleva el ánimo que aquí, donde apenas hay una calle sin iglesia o convento, no exista una escuela pública edificada para tal objeto. […] Si ante esta revolución pacífica y beneficiosa ha de subsistir la división de castas, tendámonos de nuevo en el estercolero, resignados a esta vida de bestias bajo el cielo más hermoso y el suelo más infecto del mundo.”

3 comentarios:

  1. Hola, he dado con tu blog por casualidad y me está siendo muy útil para mi investigación sobre la movilización social durante el período blasquista. Quisiera preguntarte sobre si has podido encontrar personalmente el periódico del día 6 de noviembre de 1901, o si las referencias que haces sobre las has encontrado en libros, webs, etc. Gracias y un cordial saludo.

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  2. Hola, he dado con tu blog por casualidad y me está siendo muy útil para mi investigación sobre la movilización social durante el período blasquista. Quisiera preguntarte sobre si has podido encontrar personalmente el periódico del día 6 de noviembre de 1901, o si las referencias que haces sobre las has encontrado en libros, webs, etc. Gracias y un cordial saludo.

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  3. Hola Laura, te agradezco el interés. Esta serie de entradas sobre el blasquismo son una síntesis divulgativa bastante extensa basadas en varias monografías, libros y algunos artículos de apoyo, más las lecturas personales de algunas obras de Blasco. Por eso el enfoque y muchas de las referencias hemerográficas que encontrarás en los pies de página ya han sido profusamente empleados por los autores a los que me remito a lo largo del trabajo.

    De todas formas, a partir de 1902 ya puedes consultar una gran parte de los números de El Pueblo aqúi http://prensahistorica.mcu.es/es/publicaciones/numeros_por_mes.cmd?idPublicacion=1000764

    Para cualquier cosa, no dudes en comentarme.

    Saludos cordiales.

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