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lunes, 9 de julio de 2012

Las bibliotecas, los protocolos notariales y el Conde-Duque de Olivares.


El Conde- Duque.
Fuente:  http://www.museodelprado.es/

Cuando el Conde-Duque de Olivares regresa a Sevilla en 1607 –aún en sus años de juventud- pone en marcha una importante labor de mecenazgo que se traducirá en el apadrinamiento de Francisco Pacheco y otros artistas de la ciudad. También dedicará su tiempo a la formación intelectual en materias filológicas, políticas, filosóficas, etc. Su pasión por coleccionar libros y su posterior condición de hombre más poderoso de su tiempo en la monarquía hispánica le harán propietario de la mayor biblioteca particular de Europa en el siglo XVII. Catalogada en 1620, la biblioteca de Olivares contaba con 2.700 libros impresos y 1.400 manuscritos.

Estas y otras cuestiones, tratadas magistralmente por J.H. Elliott en su inmortal retrato del valido de Felipe IV, tienen que ver con el enfoque nietzscheano del origen, de la génesis (de algo que luego será pero que aún no se percibe de manera clara, tal vez por pertenecer al ámbito de la inconsciencia). El hispanista británico penetra en la retórica del hombre, del político y del confidente real a través de sus libros. El estudio del hombre público y su biblioteca nos acerca al hombre privado, aún de forma humilde.

Pero el estudio del hombre ha de hacerse a través de documentos –aunque no sólo con documentos, gracias annalistes-, y así conformamos la historia. El inventario post-mortem, topología exquisita del protocolo notarial, puede alumbrar la presencia de libros –unos más anónimos que otros-. Y así es como el libro permite reconstruir las tendencias e influencias intelectuales del personaje histórico. Mi primer contacto con esta tipología tuvo lugar en el segundo curso de Historia, del que fructificó este breve trabajo dedicado al fondo de protocolos notariales de Jijona. Creo que parte de mi amor por la historia, y especialmente la intriga que siento por la modernidad, se lo debo a John H. Elliott, el gran hispanista, que –aunque se basa en el trabajo previo de Gregorio Marañón en este ámbito- me enseña por primera vez lo que el estudio de una biblioteca puede dar de sí.     

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