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miércoles, 11 de julio de 2012

El discurso del presidente


Rajoy en el parlamento, el 11/07/12
(Fuente: www.cincodias.com)
Mariano Rajoy sube a la tribuna. Lo sabe, está suicidándose ante los ciudadanos. Pero no le importa. A estas alturas, el término ciudadano ha quedado suficientemente helenizado por la koiné del europeísmo. El presidente del gobierno pega cuatro golpecitos al taco de papeles y se coloca el micrófono. Se siente un «hombre de estado». Un jefe de la nación en tiempo de crisis. Se siente un Adolfo Suarez, «haciendo lo que tiene que hacer».

Tras echar un vistazo al hemiciclo, comienza a pronunciar su discurso. Un tejido de inconsistencias, entre las cuales incluye: «me veo obligado a tomar estas medidas»; para a continuación decir: «estoy de acuerdo con las medidas del memorándum confeccionado por el Ecofin». Su comparecencia es un trámite necesario, y aunque sabe que está entrando en una contradicción fatal, no muestra temor: sólo algunos darán cuenta de ello en medio del adormecimiento general de sobremesa –muy propio del telediario-. No le gusta quemarse ante las cámaras, prefiere poner en primera fila a De Guindos o Montoro.

Pero se muestra confiado. Sabe que cuenta con la lealtad de Rubalcaba, un cadáver político cuya única salida estratégica posible es la realpolitik: la colaboración abierta –ya no vale el apoyo tácito tradicional-. En las interpelaciones, Rajoy escucha con denuedo y esmerada pose imparcial las críticas del secesionismo periférico de nuestro país y soporta con mayor dificultad los dardos -insistentemente lanzados por las verdaderas minorías críticas- sobre el sistema clientelar que, tejido durante decenios a la sombra de una monarquía acomodada, nos ha llevado a la completa insolvencia. «Dije que no subiría los impuestos pero los estoy subiendo», pronuncia con valentía a lo Groucho.

Y al final pagan los mismos de siempre. Una pseudo-izquierda derrotada –no hace falta indicar siglas- se arranca las uñas del descrédito, en una dolorosa operación de falsa limpieza que implica, hasta cierto punto, reconocer la derrota del pensamiento infantil y voluntarista del zapaterismo –el muy conocido «pensamiento Alicia» bautizado y estudiado por Gustavo Bueno-. Por otra parte, se dice repetidamente, desde el pseudo-liberalismo mediático de nuestro país, que ésta actitud del líder popular es una mala estrategia comunicativa del gobierno. Pero no es cierto: se trata de simple alevosía. Se trata de una huida hacia adelante.

Europa aprieta y la masa sigue observando, dividida en el falso debate de lo público contra lo privado, del sindicalismo contra el liberalismo o la izquierda y la derecha. ¿Qué fue de DRY y otros movimientos?: fragmentados por implosión de sus propias tendencias con ideología no reconocida. De la nación española, realmente existente, no se ocupa ninguno –salvo ETA, irónicamente y no en su favor-. Al final, lo más importante es sostener las propias prerrogativas. La oligarquía es lo más importante. A ella quieren acceder todos. 

3 comentarios:

  1. No conocía tu blog. llegué a él por tu "no comentario" en el mío. Saludos.

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    1. Se me calentó la boca... no me gusta nada la ideología liberal y mucho menos la austriaca. Es un conjunto de falacias. Pero me arrepentí enseguida de lo que escribí.

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  2. Son una secta y destructiva. Pero bueno gracias a tu no comentario conocí tu blog.
    Salu2 de nuevo.

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